Un textil cuadrado se somete a tracción por sus cuatro vértices en distintas direcciones. Las cargas generan esfuerzos en el plano hasta que éste deja de serlo para convertirse en una superficie anticlástica. Sometida a tironeos la materia se rebela y levita en el espacio, para dialogar con el vacío, las dobles alturas, los balconeos, el recorrido y, a través de las transparencias, con el espacio urbano.
La obra se revela en el recorrido. Se la descubre valiéndose de los desplazamientos.
La intervención dialoga con la calle a través de las vidrieras y las carpinterías metálicas.
La vinculación con el Hall AB es directa. El textil se encuentra suspendido a nivel, sin interrupciones visuales, mientras que el punto de anclaje pende en el vacío de separación.